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Hna. Anna Maria Parenzansuperiora general

 

Con alegría, nos damos una cordial y afectuosa bienvenida en esta aula que será nuestro Cenáculo capitular. En cuanto representante de toda la Congregación, nos encontramos tal vez con un poco de palpitación por las jornadas que nos esperan. Algunas de nosotras somos veteranas de los Capítulos generales… Otras viven esta experiencia por primera vez.

Nos auguramos que sean para todas jornadas de paz, de confianza, de esperanza; jornadas en las cuales demos alas a nuestros sueños para la Congregación, para que responda siempre con mayor apertura e ímpetu a los designios de Dios.

Nos encontramos en un lugar muy significativo, en la Casa “Divin Maestro”, querida por el Fundador como lugar de reposo espiritual para toda la Familia Paulina, una casa elegida también por el Papa Francisco para sus Ejercicios Espirituales. Aquí, hemos celebrado los últimos cinco Capítulos generales. Aquí, en la fiesta de la Santísima Trinidad de 1961, en una de las habitaciones del ala Giaccardo, Maestra Tecla ha ofrecido la vida para que todas las Hijas de San Pablo sean santas. Sintamos muy cerca a nuestra Madre que nos repite, hoy:

Es una gracia grande que el Señor nos ha hecho: ¡darnos la vocación y la vocación paulina! ¡Es una gracia grande! Tenemos la promesa que el Señor está con nosotras… ¡Debemos tener esta fe! En nuestra iglesia está escrito: «No teman, yo estoy con ustedes». Si el Señor está con nosotras, de ¿qué debemos temer? ¡Nuestra vocación es tan hermosa y tan grande!

Se ha dicho que el Capítulo es una epíclesis, una invocación continua del Espíritu Santo. Nos auguramos de sentirnos llevadas por su dulce brisa, invocando continuamente en nuestro corazón «la venida del viento y del fuego del Espíritu Creador» para que nos regenere y haga florecer vida nueva en nosotras.

El Espíritu será el verdadero protagonista de estas jornadas, como lo ha sido de toda la etapa preparatoria. Papa Francisco diría que el Capítulo «es un espacio protegido para que el Espíritu Santo pueda obrar», es el lugar de la obediencia personal y coral al Espíritu Santo.

Entramos confiadas en este “Cenáculo”, que tiene los confines del mundo, sintiendo cerca a todas las hermanas que en cada continente rezan y ofrecen por nosotras. En estos días, realmente nuestra asamblea representará el corazón de toda la Congregación.

Entramos en el Cenáculo junto a María, unánimes y concordes en la oración, invocando con ella, con un solo corazón y una sola alma, el fuego del Espíritu para que diseñe en nosotras los rasgos de Cristo y llene nuestra vida de ardor, de coraje y de sabiduría.

El Capítulo es ante todo una llamada de Dios, una llamada a una gran responsabilidad. No estamos aquí por nuestra voluntad, sino por el rol que desempeñamos, ya que hemos sido elegidas directamente por las hermanas. Es una llamada particular que marcará nuestra vida. Pero nos sentimos muy pequeñas en relación a la tarea que se nos ha confiado…

Nuestro Fundador advertía también su propia indignidad, pero tenía clara consciencia de ser un instrumento del Espíritu, depositario de un don, conferido de una tarea de transmisión. En la Asamblea de Ariccia (1960), confiaba:

Siento, ante Dios y los hombres, el peso de la misión que me ha encomendado el Señor; Él cual de haber encontrado una persona más indigna e incapaz, la hubiera preferido. Pero esto es una garantía, para mí y para todos, de que el Señor lo ha querido y ha sido Él, quien lo ha hecho realizar… (UPS I, 375).

Como afirmaba P. Alberione, estamos de verdad en las manos de Dios como semi-ciegos, como pinceles de poco monto en mano de un artista… La fragilidad, la pobreza y quizás la impotencia que experimentamos, son una bendición para nosotras. Nuestro Padre san Pablo, nos enseña que precisamente en la debilidad, en lo inadecuado de sus instrumentos, se manifiesta la fuerza de Dios. Es la lógica de la historia de la salvación.

Recordamos la experiencia de Abraham: un hombre sin descendencia, sin esperanza humana, que parte a un país desconocido, apoyado únicamente en la palabra de Dios.

Recordamos la experiencia de Jacob, solo en el vado de Iaboc. Deja cuanto posee – mujer, hijos, esclavos, animales, tierras… – en la otra orilla (cf. Gen 32,23-30) y de noche, lucha, para recibir la bendición de Dios y un nombre nuevo.

Recordamos a Moisés: su vida fue un continuo “ir más allá”, para salir de las costumbres, pasar las fronteras de las propias seguridades y llegar al monte de Dios.

Recordamos la experiencia de Gedeón: de los 20.000 hombres que tenía a sueldo para salvar Israel de la mano de Madián (cf. Jue 6-7), el Señor le dejó sólo 300… Una gran desproporción numérica pero que permitirá al pueblo entrar en la lógica de la salvación y salir victorioso.

Recordamos a Goliat y a David (cf. 1Sam 17,12-57): un gigante en traje de guerra contra un joven pastor que lleva un bastón, una honda y cinco piedras del torrente.

Es así con María y con las mujeres estériles: el Señor interviene cuando ya no se puede confiar en los recursos humanos y la esterilidad, se transforma en fecundidad por pura gratuidad, pura gracia.

Precisamente es a la luz de la Palabra que podemos reinterpretar nuestra historia, así como lo ha hecho el pueblo de Israel. También en los momentos más oscuros se puede volver a encender la luz de la esperanza: en la noche del exilio, el pueblo de Dios inicia un camino de humildad y de conversión que lo conduce al alba de la redención.

 

El Capítulo, un evento simbólico

En el clima de la historia de salvación, el Capítulo es un evento de gracia. No es algo ya preparado en todos los detalles (si bien, se ha hecho una preparación minuciosa…). El Capítulo es un evento, que está abierto al viento del Espíritu que puede arruinar nuestros programas y proyectos…

Podemos mirar al Capítulo como un evento simbólico. La Asamblea capitular es hoy el símbolo vivo del Instituto. Lleva en sí la dignidad de la tradición y la imaginación del presente; la memoria y los sueños. En cada hermana capitular están presentes gérmenes del futuro prontos a florecer. Cuando el Capítulo haya terminado, el símbolo se disolverá, pero su huella simbólica permanecerá plasmada en el documento capitular y en las personas que el Capítulo elegirá para ejercitar el liderazgo en los años futuros.

Por lo tanto, en este Capítulo estamos llamadas a producir, no sólo un documento, sino sobre todo, líneas concretas capaces de hacer brotar sueños, suscitar profecía, hacer florecer esperanzas, estimular confianza, entretejer relaciones y donar una visión de futuro colmado de la alegría del Evangelio.

Con Papa Francisco, en efecto, no es concebible, imaginar un Capítulo que no relance la profecía, el sueño y la pasión por el Evangelio y por los hombres y las mujeres de hoy. El Papa nos invita a abandonar lo cómodo del «siempre se ha hecho así», para ser audaces y creativas en el repensar los objetivos, las estructuras, los estilos y métodos de la evangelización… (cf. EG 33).

También entre nosotras, sobre todo entre nosotras, en estos días el Espíritu actúa y nos recuerda aquellas expresiones de Papa Francisco que pueden tener una fuerza transformante: «La vida consagrada no es sobrevivencia, no es prepararse al ars bene moriendi… sino vida nueva… está llamada a las sorpresas inéditas del Espíritu». ¡Cristo vive en nosotras y nos quiere vivas! (cf. ChV 1).

Indicaciones prácticas

Por ahora les adelanto algunas orientaciones que serán explicadas mejor en la apertura del Capítulo, después de los Ejercicios espirituales.

Ante todo, deseo agradecer, también a nombre de todas ustedes, a la Comisión que ha preparado con tanto cuidado el Capítulo y que ahora concluye su tarea: hna. Anna Caiazza y hna. Shalimar Rubia, consejeras generales; hna. Anastasia-Anna Nduku Muindi de África Oriental, hna. Paola Fosson de Italia, hna. Anna Plathara de India y hna. Leonora Wilson de Estados Unidos. Estamos profundamente agradecidas a estas hermanas que han trabajado tanto y bien. El Señor les recompense con muchas gracias y bendiciones.

El Capítulo propio y verdadero iniciará el 12 de septiembre con la apertura oficial, la aprobación del iter y la constitución de los organismos capitulares. Ahora vivamos las jornadas introductorias guiadas por la Comisión central provisoria, formada por la Superiora general en calidad de Presidente, por la Secretaria general como Secretaria del Capítulo, por las dos hermanas más jóvenes – hna. Mariangela Tassielli y hna. Matilda Akinleye Oluwakemi – en el rol de escrutadoras.

En estos días, ya están presentes algunas hermanas no capitulares invitadas por el Gobierno general para desarrollar algunos servicios.

Realizarán la tarea de traductoras:

Hna. Julia Darrenkamp          lengua inglesa
Hna. Anne Joan Flanagan                ”
Hna. Antonia Park                 lengua coreana

Colaborarán para la gestión del sitio paulinas.org:

Hna. Teresa Braccio, Hna. Daniela Son, Hna. Parichat Jullamonthon

Para las fotografías en la sala capitular:

Hna. Shalimar Rubia y Hna. Christine Hirsch

Par la secretaría técnica:            Hna. Saveria Kim

La animación de la liturgia, durante los Ejercicios espirituales, está encomendada a las hermanas del Gobierno general.

En la Apertura del Capítulo, informaremos sobre otros servicios encomendados a las hermanas capitulares.

En el misterio de la alianza

En este tiempo particular, estamos llamadas a entrar con mayor consciencia en la alianza, corazón de nuestra fe; a percibir el exceso del amor y de la fidelidad de Dios que no ha faltado jamás a sus promesas; a ponernos en camino dejándonos inspirar por la experiencia concreta de algunas mujeres que han sido colaboradoras del Espíritu y han vivido de manera totalmente particular la relación esponsal de reciprocidad con el Cristo Vivo:

María, «Arca de la presencia de Dios, Arca de la alianza de amor que Dios quiso establecer en modo definitivo con toda la humanidad en Cristo» (Papa Benedicto, 15 de agosto de 2011), «Tabernáculo viviente de Cristo» porque lleva en sí y comunica a Jesús.

María de Magdala, «apóstola de la nueva y más grande esperanza» (Papa Francisco), que ha tenido la gracia de descubrir, en el Resucitado, el advenimiento más perturbador de la historia humana y de carrera anunciarlo, desafiando la oscuridad de la noche. María Magdalena nos invita en aquel jardín donde el Señor ha sido sepultado, para sentir su voz, verlo y tocarlo… reconocerlo como el Viviente, estrecharle los pies en un afectuoso abrazo y responderle con inmenso amor: « ¡Rabbuní… Maestro!».

Tecla, la mujer «sin resistencias al Espíritu», que deseaba prestar los pies al Evangelio para que pudiese correr…, que se proponía «progresar hasta el abandono total, hasta estar en adoración continua, hasta expresar el “magnificat” con la vida.

Como estas mujeres de la alianza, que se han abierto plenamente al misterio de la salvación, acojamos la invitación apasionada del Dios viviente, dirigida personalmente a nosotras: «Aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Tengo necesidad de ti».

 

«Te envié a llevar el fuego»

Creemos que el Espíritu Santo guiará estas jornadas, tomará la iniciativa, nos colmará de sus riquezas y nos inundará con una “cascada” de consolación, de ternura y de luz.

Dejémonos invadir por su fuego para poder “comunicar el fuego”. « ¡Comunica el fuego, porque te envié a llevar fuego!»: estas palabras, escritas por P. Alberione a P. Giaccardo en el lejano 1933, todavía hoy son, para nosotras, un programa de vida.

Tenemos necesidad que arda en nuestros corazones el fuego del Espíritu, abriéndonos sin miedo a su acción. Tenemos necesidad de reavivar la consciencia de ser como marcadas a fuego por la misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar y liberar (EG 273).

Augurios cordiales para que esta experiencia capitular vuelva a reavivar aquel fuego que el Espíritu ha depositado en nosotras en el día del bautismo y de la profesión, refuerce nuestra fe en la Promesa y nos haga acoger en plenitud la invitación a levantarnos y ponernos en camino.

Vivamos estas jornadas con aquella alegría que nace de la conciencia de que somos del Señor, la Congregación es suya: Él la ha querido y todavía la quiere.

Pero no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente y nos impulse hacia donde Él quiera (EG 280).

Y con, Papa Francisco, rezamos:

Espíritu Santo, armonía de Dios,
Tú que transformas el miedo en confianza
y la clausura en un don, ven a nosotros.
Danos la alegría de la resurrección
y la perenne juventud del corazón.
Espíritu Santo, armonía nuestra,
Tú que nos haces un solo cuerpo,
infunde tu paz en la Iglesia y en el mundo.
Espíritu Santo, haznos artesanos de concordia,
sembradores de bien y apóstoles de esperanza (Pentecostés, 2019).

 

Hna. Anna Maria Parenzansuperiora general